Prevenir el sida promoviendo la educación afectivo-sexual

Escrito por Juan Carlos Melero en 1 Diciembre, 2011 – 15:32 -

Hoy se conmemora el Día mundial del sida. Una buena ocasión para reflexionar sobre los avances experimentados y sobre cuanto queda por hacer en este campo.

Un buen momento para recordar la importancia de seguir impulsando la prevención.

Por nuestra parte, del conjunto de actuaciones preventivas a desarrollar priorizamos la educación afectivo-sexual. Y lo hacemos asi por considerar que es la base sobre la que apoyar otras acciones.

Educar en el respeto de cada persona hacia sí misma y hacia aquellas otras con las que se relacione, es un modo adecuado de sentar las bases de la prevención del VIH. Y para ello es útil el desarrollo de habilidades para la vida.

Habilidades para relacionarse, para mostrar asertividad, para gestionar emociones, para cuestionar estereotipos, para imaginar formas diversas de vida sexual, para desear protegerse de riesgos prevenibles

En definitiva, para aprender a amar maximizando las probabilidades de satisfacción y minimizando los riesgos.

Educar para la afectividad, educar para una sexualidad satisfactoria y respetuosa, educar para el amor. La mejor forma de prevenir el sida.

Pero, en relación con el sida, es igualmente fundamental educar para la convivencia, para la superación de estereotipos, para la resolución crítica de miedos imaginarios… Para favorecer la convivencia y eliminar la discriminación.

Paradójicamente, el sida puede ayudarnos a construir una sociedad más sana, acogedora y solidaria. En eso estamos.


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¿Por qué nos cuesta tanto avanzar en la educación sexual?

Escrito por Juan Carlos Melero en 6 Marzo, 2011 – 8:12 -

La educación afectivo-sexual no acabamos de arrancar en nuestro país. Diversas organizaciones e instituciones públicas realizan actuaciones de diverso valor, en ocasiones puntuales. Pero falta una acción estratégica que favorezca su generalización.

Adolescentes y jóvenes manejan hoy en día mucha información sobre el asunto. Al menos en comparación con generaciones anteriores, que no lo teníamos nada fácil para que este tema saliera a relucir en la escuela (salvo como pecado o amenaza) o en casa.

Así las cosas, cada cual se las apañaba como podía, que solía ser poco, tarde y mal. No era raro que la fuente de información más a mano fuera algún amigo algo más entrado en materia (o simplemente con más imaginación).

Pero ahora todo debería ser diferente. Sólo que, claro, estamos hablando de la sexualidad, territorio resbaladizo donde los haya, cuya sola mención activa un exhuberante catálogo de fantasmas, tabués y estereotipos.

Porque, aunque aún siga motivando risitas histéricas, no es difícil hablar de la reproducción humana. Puede hacerse de una manera científica, aséptica, como si se tratara de la mera descripción de una actividad física: órganos, fluídos, células, riesgos… Fontanería y mecánica, en definitiva.

Parece más peliagudo hablar de sentimientos y de placeres. Así, en plural, reconociendo la diversidad que nos caracteriza como especie en cuanto a orientación sexual.

En este capítulo salen a relucir todos los temores de la sociedad adulta. Temores que pueden concentrarse en uno principal: “deja, deja, no vayas a provocar las ganas de probar”. Como si disponer de una adecuada cultura sexual fuera un riesgo, cuando lo realmente amenazante es la ignorancia.

Educar a las nuevas generaciones para una vivencia saludable y placentera de la sexualidad, que pase por el respeto a las otras personas, por la empatía, sigue siendo una tarea aún incipiente en nuestra escuela, en nuestra sociedad.

Y requiere un impulso más ambicioso. Para que la vida sexual sea cada vez más gratificante. Y para que, de paso, podamos acometer con más acierto la prevención de posibles riesgos (embarazos indeseados, infecciones de transmisión sexual, sida, etc.)

Como dice la World Association for Sexual health (WAS) en su declaración de 2009, “Salud sexual para el milenio“, “Para lograr la salud sexual, todas las personas, incluidos los jóvenes, deben tener acceso a la información completa y a la educación integral de la sexualidad, así como a los servicios de salud sexual en todo el ciclo de vida”.

¿Nos ponemos a ello?


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Educar en competencias para prevenir la transmisión del VIH

Escrito por Juan Carlos Melero en 1 Diciembre, 2010 – 15:05 -

En estos tiempos de zozobra, la tendencia a la estabilización en las infecciones por VIH es una buena noticia. Para mantener esta tendencia y provocar un descenso en los datos, son muchas las actuaciones que es necesario desarrollar. Por nuestro compromiso educativo, nos centramos en aquella que nos parece más prometedora: la educación afectivo-sexual de las generaciones más jóvenes.

Del mismo modo, estoy convencido de la capacidad de la educación para promover la empatía hacia las personas seropositivas. Avanzando en esta línea, dejaremos de añadir un problema extra a su situación: la discriminación. Y, por el contrario, podrán disfrutar de los probados beneficios de la solidaridad y el apego social.

Por todo ello, nos sumamos desde este espacio a una jornada de reflexión que puede favorecer avances educativos que ayuden a transformar la realidad de miles de personas.

Una educación que no se limite a instruir a chicas y chicos sobre el funcionamiento fisiológico de la sexualidad humana (aunque también desarrolle esos contenidos). Y que no se centre en alertar de los riesgos que pueden acompañar las prácticas sexuales (aunque, como es obvio, no los desatienda).


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